Recientemente he estado leyendo el interesantísimo ensayo que sobre Don Juan hizo Marañón, que sostiene que la sexualidad masculina va restringiendo su campo a medida que el hombre evoluciona: De gustar e interesarse por todas las mujeres el hombre pasa a centrar su atención en una solo grupo de estas, cada vez más restringido, representando el hombre monógamo, aquel al que le gusta un solo tipo de mujer, el tipo de hombre perfeccionado y evolucionado. Este tipo de hombre, que el doctor llamaba el tipo AMIEL, era para él el hombre por excelencia. Como consecuencia el donjuanismo sale malparado y reducido a la de un ser de una sexualidad adolescente, apenas desarrollada, que en modo alguno y contradiciendo el sentir popular, debía ser considerado como prototipo viril. Don Ramón Pérez de Ayala, que participaba de las mismas ideas del doctor, plasmó esta interesante teoría en dos de sus novelas: Tigre Juan y El curandero de su honra. Yo tengo claro, alzando los ojos al cielo con beatífica expresión, que Don Juan (de Tirso, de Zorrilla, de Byron, y de todos los románticos) tuvo tanto éxito porque era una utopía.
jueves, 8 de marzo de 2012
martes, 6 de marzo de 2012
Capítulo 23: LA ÚLTIMA GRAN AVENTURA HUMANA
Ayer mismo desempolvé la novela Marte verde de uno de esos puestos de libros de saldo que hay en los centros comerciales. Acababa de leerme la primera entrega de esta trilogía, Marte rojo, y el encuentro fue bastante providencial. El caso es que la saga que escribió Kim Stanley Robinson en los noventa sobre la colonización de Marte es bastante complicada, y no tenía intención de adentrarme en su segundo episodio de forma tan directa, pero a pesar de que he sido incapaz de retener los nombres de muchos de los protagonistas, y de que en mi lector de ebook no contaba con el utilísimo mapa de Marte que nos ayuda a comprender el desarrollo "topográfico" de la trama, me interesa mucho esta historia.
Portada de la edición española.
Desde hace años, como aficionado al género de ciencia-ficción, tengo un interés lógico en ir viendo cómo la ciencia y la técnica de nuestro tiempo va realizando nuevos logros que nos aproximen a los futuros fantásticos descritos en los libros. No obstante, y de manera igualmente lógica, soy consciente de que nuestra sociedad -la humana, me refiero- tiene algunos problemas gravísimos a los que debemos responder mucho antes que andar pensando en androides mayordomos, en coches voladores o en conquistas galácticas. El hambre, la guerra, la desigualdad social... ante estos argumentos parece que nadie se atreve a promulgar la necesidad de que la humanidad siga adelante en su última gran aventura, la exploración del espacio. Y sin embargo se da uno cuenta de que, antes o después, estamos obligados a avanzar.
Kim Stanley Robinson
¿Acaso el destino último de la humanidad es que logremos por fin amodorrarnos en nuestras butacas, sabiendo que todo está en orden? ¿Comer, beber -perdón- cagar y morirnos bien ancianos? Yo pienso que es precisamente la ilusión del descubrimiento, el ir más allá de lo probable, lo que sigue funcionando como un motor para ponernos en movimiento como especie. Evidentemente, uno se echa las manos a la cabeza cuando se informa sobre los costes de los programas espaciales, y si pensamos en la barbaridad que costó poner a la misión Apolo 11 en la Luna en 1968, quizá ni siquiera podamos compararlo con lo que costaría poner a un par de tipos en Marte. Pero lo llevamos dentro como especie, es como una suerte de meta que nuestra evolución natural necesita, y al final tendrá que suceder.
Los otros dos tomos de la trilogía.
Las novelas de Kim Stanley Robinson Marte rojo, Marte verde y Marte azul despliegan, con toda la precisión científica imaginable (ciencia-ficción "dura", la llaman) y mucho más, cómo podría ser la paulatina adaptación del ser humano a Marte y viceversa. Más allá de la épica colosal de las guerras de independencia, de las enormes obras públicas en suelo marciano, de los cataclismos derivados de la terraformación del planeta rojo, al final es la historia de cómo los hombres y mujeres emprendemos cada uno nuestra personal lucha para no tropezar en las mismas piedras que nuestros padres y abuelos, para mantener nuestra identidad y nuestras convicciones a pesar de tener motivos para el desánimo, para no cometer los mismos errores y albergar firmemente la esperanza de una nueva oportunidad de prosperar hacia algo bueno, mejor, si cabe, que lo que tenemos. Igual, cuando un día todo esto suceda, la última gran aventura humana resulte ser solamente la primera.
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viernes, 2 de marzo de 2012
EL LADRÓN INDULTADO
Desde que Robin Hood robase a los ricos para dárselo a los pobres, aparece un ladrón que retribuye la justicia social al robar a quienes se lo merecen, ridiculizando a policías corruptos y cargos que prevaricaron. Las aventuras delictivas de A. J. Raffles nos ofrecen la otra cara de la medalla, en virtud de que fueron concebidas como contraparte de las hazañas detectivescas de Sherlock Holmes. El autor de estos relatos, Ernest William Hornung, tuvo un impacto inmediato, que puede medirse en la rapidez con la que aparecieron ladrones análogos, como Arsenio Lupin o Fantomas. Recientemente he leído el relato Arsenio Lupin vs. Sherlock Holmes, en el que el duelo entre ambos se salda con el descubrimiento de Holmes de todo el plan de Lupin y su forma de desvalijar un castillo a través de un pasadizo secreto, pero Lupin ¡le roba el reloj! Conan Doyle no lo habría consentido.
jueves, 1 de marzo de 2012
DUELO DE TITANES II: Hoy, SANTO TOMÁS VS. SAN AGUSTÍN
Hay quien profesa por encima de todos los teólogos, una soberana admiración por Tomás de Aquino. La Summa Teológica nos muestra a un santo para el que "las papas son papas y las piedras piedras" En comparación con San Agustín, el otro coloso del cristianismo, sale ganando Santo Tomás, porque cuando razona lo hace con el lenguaje más escueto y sencillo posible, en tanto que San Agustín siempre aparece dominado por la retórica. Y no obstante, el primero era un altísimo poeta, superior en mi opinión a san Agustín. La prueba está en que sus himnos han sido incorporados por la Iglesia a su propia liturgia: el TANTUM ERGO, el PANGE LINGUA y esa maravilla del ADOROTE DEVOTE, LATENS DEITAS... Cuando al papa Urbano IV creó la festividad del CORPUS CHRISTI, encargó el oficio divino a las dos lumbreras del momento, Santo Tomás y San Buenaventura. Este ha pasado a la historia nada menos que con el título de DOCTOR SERÁFICO. Echando mano de cualquier breviario, podemos traducir la oración del Traspasa Jesús la médula de mi alma... Convocados ambos santos ante el Papa le tocó leer primero su trabajo a Santo Tomás. Y a medida que lo iba leyendo, San Buenaventura, admirado, con toda humildad iba rompiendo el suyo. El papa aceptó entero el oficio de Santo Tomás, que a partir de entonces forma parte de la liturgia oficial de la Iglesia. ¿Que cómo pasamos de Las Minas de Salomón a esto? Bueno, en este blog somos así, leemos de todo un poco, je, je...
PRÓXIMAMENTE: QUEVEDO VS. GÓNGORA
miércoles, 29 de febrero de 2012
DECONSTRUCTIVISMO
Es una corriente de análisis literario que pretende captar, además de la forma del texto, qué quiso decir el autor o qué le influyó de manera consciente o inconsciente para hacerlo. Toma mucho del psicologismo. A ella se opusieron el behaviorismo y los tradicionalistas. Aquí mismo hemos rizado el rizo más de una vez (que si el significado oculto de Moby Dick, o Robinson expiando sus pecados en la isla, o la hermenéutica de tal o cuál obra) como si el autor pretendiera incorporar a sus obras una especie de código secreto. Y a veces, aunque el elemento sea extrapolable a cualquier hermenéutica profunda, el autor no dijo más de lo que en ese momento escribía, y no se puede fabricar una especie de trituradora de ideas que abarque todo. El problema es con obras que están escritas para que se teorice e interprete sobre ellas, como Joyce, García Márquez etc.
DUELO DE TITANES I : Hoy, CELA VS. DOSTOYEVSKI
Cuando hizo furor el libro del posterior premio Nobel "La familia de pascual Duarte", debido a su tremendismo, y con el mérito de su lenguaje (argumentalmente desagradable hasta decir basta) se anunció a un gran escritor que bebía de Crimen y castigo. Cela fue grande por otros libros no tan tremendos, coexistiendo muchos Cela distintos. El bueno, el de Viaje a la Alcarria, el vanguardista de Pabellón de Reposo, el quevedesco, y el encumbrado e innecesario de nuevo viaje a la Alcarria con choferesa negra y patrocinio de Campsa. Pero ese Pascual Duarte, que ensaya disparando a su perro el asesinato de su madre, es un libro oportunista de un momento en el que desaparece de golpe el nihil obstat. Si comparamos esos tremendismos con las burradas de algunos de los Hermanos Karamazov, veremos que en Dostoievski están engarzadas y justificadas con el buceo del mal en el alma humana, en tanto que en Cela son simplemente gratuitas, y solo pueden espantar a los ingenuos.
PRÓXIMAMENTE: SAN AGUSTÍN VS. TOMÁS DE AQUINO
PRÓXIMAMENTE: SAN AGUSTÍN VS. TOMÁS DE AQUINO
miércoles, 15 de febrero de 2012
LAS MINAS DEL REY SALOMÓN
Llena de todos los tópicos de la novela colonialista inglesa, la obra de Haggard posee cacerías de elefantes, travesías por el desierto, golpes de estado en tribus indígenas, malvadas hechiceras, y batallas por doquier. Lo curioso es que el autor plantea que el camino hasta las minas de los diamantes que ignoran los kukuanos, fue hecho por egipcios o incluso una civilización anterior, lo que convierte al escritor en una especie de precursor de Von Daniken. Respecto al héroe, Allan Quatermain parece que tiene siempre esa descripción crepuscular de entrega a una última aventura (¿es que siempre va a ser un héroe cansado?) y sólo busca riquezas para ayudar a su hijo, que estudia en la Universidad en Londres. Allan Quatermain contiene los mismos ingredientes: largas descripciones, acción trepidante, cruentos combates «sólo para encontrar la muerte como el oleaje en los acantilados», y donde las voces humanas no pueden ser oídas «en medio del clamor de los aceros y de los aullidos de furia y de agonía». Por las Minas de Salomón pasaron también Tarzán, Maciste, e incluso Abbot y Costello y el Tío Gilito y los sobrinos. Son parte ya del imaginario colectivo. Por último, es curioso constatar que el recurso de engañar a la tribu haciéndose pasar por dioses que oscurecen el sol en un eclipse, fue directamente fusilado por Hergé para el álbum de Tintín: El Templo del Sol.
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