lunes, 9 de enero de 2012

EL CENTENARIO DE HEMINGWAY

 

La madre de Hemingway era temperamental y malhumorada, y pagaba sus nervios con su marido, al que trataba como a un niño pequeño. De ahí que el escritor huyera en busca de aventuras, repudiando el carácter pusilánime del padre, y venerando la hombría como arquetipo de lo que significaba ser un hombre. De ahí su afán por lo indómito y no languidecer en un hogar y una mujer que le organizase la vida. De ahí sus temas clave: la impotencia y el fracaso. Trabajó como reportero, se alistó como voluntario para conducir ambulancias en Italia durante la I Guerra Mundial. Más tarde fue transferido al ejército italiano resultando herido de gravedad. Después de la guerra fue a París, donde los escritores exiliados Ezra Pound y Gertrude Stein le animaron a escribir obras literarias. A partir de 1927 pasó largas temporadas en Key West, Florida, en España y en África. Volvió a España, durante la Guerra Civil, como corresponsal de guerra, cargo que también desempeñó en la II Guerra Mundial. Más tarde fue reportero del primer Ejército de Estados Unidos. Aunque no era soldado, participó en varias batallas. Después de la guerra, Hemingway se estableció en Cuba, cerca de La Habana, y en 1958 en Ketchum, Idaho. Utilizó sus experiencias de pescador, cazador y aficionado a las corridas de toros en sus obras. Su vida aventurera le llevó varias veces a las puertas de la muerte: en la Guerra Civil española cuando estallaron bombas en la habitación de su hotel, en la II Guerra Mundial al chocar con un taxi durante los apagones de guerra, y en 1954 cuando su avión se estrelló en África. Se suicidó en Ketchum el 2 de julio de 1961, disparándose un tiro con una escopeta. Quizá al final comprendió que su padre, para criarlo a él fuerte, sano y sin sufrimientos, también fue un héroe cotidiano. Y que la aventura y la heroicidad, no estaban fuera, en las emociones, sino en el amor resignado de una mirada orgullosa.

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