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jueves, 4 de febrero de 2010

Capítulo 4: EL HÉROE CEREBRAL


Borges dice que hay que pensar en Sherlock Holmes a la hora de la siesta. El año pasado estuve enganchado a este tochazo de Sherlock Holmes, con el canon completo (las 4 novelas: El perro de los Baskerville, El signo de los 4, Estudio en Escarlata y el Valle del Terror y todos los cuentos).


Para empezar, Conan Doyle metió una novelilla de aventuras de vaqueros para explicar la resolución de estudio en Escarlata, lo que hace la narración muy leenta, porque el público se queda sin Holmes y Watson durante 80 páginas. Y repetiría la jugada en el Valle del Terror, en la que nos quedamos sin la genial creación de Moriarty otro medio libro. Me quedo con algunos cuentos cortos, en especial con el más pulp de todos (supervillano científico incluido) El caso del detective moribundo que podría incluso adaptarse como obra de teatro. También disfruté el de la serpiente amaestrada que baja al dormitorio de la víctima por un cordel, bajo el que esperan pacientemente Holmes y Watson. En el cuento en el que aparece Irene Adler, Escándalo en Bohemia, tengo la sensación de que Holmes se deja engañar a posta. Y el problema final en el que "muere" Holmes es muy chulo. Aquí dejo la portada de Anaya alusiva a este relato:


Me emocionaron las palabras de Holmes en Su último saludo en el escenario :

-Va a soplar un viento del norte, Watson
-Imposible, Holmes, el mar está calmado
-Y aún así le digo que va a soplar un viento tan fuerte, que muchos nos apagaremos bajo su soplo, pero como es Dios quien mueve el viento, cuando amaine, será un mundo más justo y mejor.

Me gusta pensar que predice la muerte de Watson, por el que llora con amargura, y que ya no aparece en los relatos en los que Holmes está retirado La aventura de la melena de León, por ejemplo. También me han sorprendido MYcroft Holmes y su Club Diógenes. Es que entre los años perdidos de Holmes como espía en la guerra y todo lo que Conan Doyle sugiere veladamente, pueden narrarse las 1000 historias que han venido detrás. Eso es lo que hace a Holmes inmortal. Hay en la antología un poema de Watson a Holmes recién llegado al cielo: No hay solución ni puede ser de otra manera, vámonos Holmes, el infinito espera.

En resumen, he pasado un año con esta pareja, y como los echo de menos, seguiré leyendo pastiches sherlockianos, porque hay a punta pala; el último que he leído bien podría ser la secuela de la peli de acción reciente: Sherlock vs. Houdini. También están las novelas juveniles de Los irregulares de Baker Street o del hijo de Holmes, Martin. Pero lo que comentaré en una próxima entrada, serán las novelas pastiche de Rodolfo Martínez (tetralogía que aquí os ordeno) y a ese día os emplazo.

lunes, 18 de enero de 2010

Capítulo 1: LOS HIJOS DE DRÁCULA

En 1897 se publicó la novela que establecería para siempre al más famoso de los vampiros como arquetipo inamovible de su raza, además de convertirse en la figura cumbre del género de terror en todas las artes: el Conde Drácula. Inspirado tanto en la novela gótica victoriana como en el folclore de la Europa oriental, el irlandés Bram Stoker realizó la más famosa pieza de literatura epistolar -basada en cartas- que se haya concebido hasta el día de hoy.

Primera edición de Drácula.

Desprovisto de todos los atavíos de Don Juan de opereta que más tarde le otorgó el cine, el vampiro de Stoker era viejo y delgado, e iba completamente vestido de negro, con cejas y nariz prominentes, y con pelo en las palmas de las manos, además de un bigotazo. También poseía una enredada cabellera y labios carnosos. En fin, que Bram Stoker, si bien no visitó Transilvania para recrearla en el primer tramo del libro, sí que debía tener cierto conocimiento de la historia de Vlad Tepes, el príncipe de Valaquia conocido por la crueldad que desplegaba en sus afanes por mantener a raya el avance de los turcos, probablemente por aquello de disuadirles metiéndoles miedo con lo que les esperaría si ponían sus pies en la actual Rumanía. Se dice que pertenecía a la Orden de los Dragones, y de ahí vendría el nombre del personaje literario.

Drácula, sin embargo, es una de las novelas que con mayores infidelidades se ha topado en su interpretación con el paso de los años. La obra basaba su mensaje en el miedo de la encorsetada sociedad británica a todo lo que supusiese un cambio o una ruptura de las reglas del buen gusto: el vampiro es un tipo raro, extranjero para más morbo, que se cuela en las habitaciones de señoritas de prístina inocencia para alimentarse de su sangre, que viene a ser -visto con malos ojos, naturalmente- una forma un tanto retorcida de erotismo. Y los demás personajes no dejan de expresar su infinita admiración por la bondad y la cortesía de cada uno de ellos, consiguiendo que las acciones del Conde parezcan todavía más despreciables al tratarse de una panda de gente tan buena: Mina y Jonathan Harker, el doctor Seward, Arthur Holmwood y Quincey Morris, Lucy Westenra y el entonces buenazo de Van Helsing. Tampoco falta una visión... digamos... ingenua de los roles de hombres y mujeres en la sociedad.

Fotograma de Nosferatu.

En fin, que unos cuantos años después llegaría a las pantallas mudas Nosferatu, una sinfonía del horror (1922), de F. W. Murnau, el primer gran intento de adaptar Drácula -si bien no se llamó del mismo modo por no pagar derechos a la viuda de Stoker-. La trama es distinta, aunque las bases están ahí. Curioso es también el posible miedo al extranjero que podría desprenderse de la película: el conde Orlok trae consigo una plaga de ratas. Después se estrenaría la famosa adaptación de Tod Browning, no muy acertada para mi gusto, ya que está basada en una obra de teatro que no tiene demasiado en cuenta la atmósfera romántica de la novela. En Drácula (1931), eso sí, nos encontramos con la magnífica actuación de Béla Lugosi, cuyo personaje de talante aristocrático y ligón es heredado de El Vampiro de J. W. Polidori, no del de Stoker, aunque la caracterización de Lugosi ha quedado ya casi fijada como canon. De ahí salió el interesante aunque económico Conde de la Hammer Films un par de décadas después, encarnado por el inolvidable Christopher Lee en múltiples -y en algunos casos, delirantes- secuelas y crossovers. El último Drácula a la antigua fue el de John Badham en los '70, en la piel del demasiado guaperas Frank Langella. Francis Ford Coppola le dio en los '90 un barniz enrarecido y le salió una especie de folletín romántico, no tan fiel como prometía el título Drácula de Bram Stoker, pero sí brillante en su factura. Hubo una olvidable Drácula 2000 y un más olvidable spin-off de Van Helsing del que ya hablaremos.

Cartel de Drácula (1931).

Como hay muchas más películas de Drácula y multitud de cómics, series de televisión y relatos sobre el vampiro, no me extenderé más de la cuenta e iré al grano: el vampiro en la actualidad sigue vivo, pero no se si para bien. Hace unos años pude leer la muy recomendable La historiadora, de Elizabeth Kostova, enclavada para su desgracia en la generalmente infumable corriente actual de la novela histórica de investigación. Me bastó leer la frase "yo soy Drácula" en una de las páginas para saber que la cosa iba en serio, por mucho que el descabellado argumento (que incluye un complot para dotar a los líderes de la U.R.S.S. de la inmortalidad del legendario empalador) pudiese parecerme imposible en un principio. Tampoco parece estar mal del todo la saga vampírica de Anne Rice, aunque no opinaré porque todavía no la he leído. Eso sí, pudo sembrar las semillas de lo que vendría después...

Edición americana y española de La historiadora.

Me refería a los vampiros de Crepúsculo, chupóptera la Stephenie Meyer del carácter amatorio de los Dráculas post-Bram Stoker, aunque arrancándoles a todos ellos su inquietante presencia para convertirlos en objeto de deseo de instituto. Paliduchos, longevos, sedientos en plan yonqui y poco más. Se veía venir tras los nosferatus macarras de Jóvenes ocultos, las peripecias acrobáticas del comiquero Blade, y también tras la pseudo-saga Underworld, que parecen estar asentando nuevos cánones: la presencia de vampiros en nuestra sociedad, de forma encubierta, y una supuesta lucha milenaria entre vampiros y hombres lobo.

Ediciones en español e inglés de Drácula, el No-muerto.

Tampoco me parece muy halagüeña, a priori, la perspectiva de leer Drácula, el No-muerto, novela de reciente aparición que, bajo el nombre de un descendiente directo de Bram Stoker, Dacre Stoker, podría ocultar una mera oportunidad de explotar el reciente renacimiento vampírico. No se si será el caso, pero ciertas premisas argumentales de esta obra me hacen pensar que el título de esta entrada puede ser más acertado de lo que sospeché al redactarlo. Seguiremos hablando de vampiros en otra ocasión.

P. D. Pensaba añadir el famoso retrato de Vlad Tepes en la parte superior del texto, pero aunque he encontrado unas diez imágenes del mismo, no me ha funcionado la herramienta "añadir imagen" con ninguna de ellas... tratándose de un personaje tan singular, prefiero no insistir.