martes, 6 de noviembre de 2012

STEPHEN KING REIVINDICADO

Cuando estaba en el instituto devoraba Stephen King. Recuerdo cómo disfruté su libro de relatos El Umbral de la Noche, y cómo me ganó con su prólogo, su definición del terror. En mi adolescencia siguieron It, Salem´s Lot y la que más me gustó, Misery, pero luego abandoné a King, porque lo relegué a la condición de vieja afición, como cuando dejan de interesarte las películas de terror. Pero Stephen King siguió ahí, nunca se fue, y tengo la sensación de que ha estado todos estos años esperándonos. Que a pesar de probarse a sí mismo con el pseudónimo de Richard Bachman, de su accidente al ser atropellado y casi morir,  y de anunciar que abandonaba la escritura con Buick 8, me gana un tipo que reconoce que escribe porque le hace feliz, y que incluso cuando muera dejará alguna novela inconclusa. Hay un Stephen King que sigue produciendo incansablemente a pesar de que ya tiene pasta como para dejar de hacerlo. Por amor al medio. Es el King que comienza a introducir temas sociales e historias interesantísimas en relatos aparentemente banales, el King de la Historia de Lisey, la chica que amaba a Tom Gordon o Duma Key. Que tiene un tochazo llamado La Cúpula, otro de viajes en el tiempo con Kennedy, y que no sólo ha concluido su obra magna La Torre Oscura, sino que sigue ampliando el mundo de Roland en la reciente El viento por la cerradura. Ya no sé cuántos relatos cortos suyos me quedan por leer, sean a las dos o a las cuatro de la medianoche, pero voy a dedicarme una temporada a ello, e iré reseñando por aquí (Y luego está su hijo Joe Hill, del que se han aclamado El traje del muerto y Cuernos)  No voy a esperar a que King fallezca para que me digan que bajo la apariencia de mala literatura había un discípulo de Allan Poe contumaz.

1 comentario:

  1. Estoy seguro de que, como antes, el maestro no te defraudará. La Cúpula y 22-11-63 son dos libros impresionantes y bien diferentes uno de otro (salvo en su extensión) ;)

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