lunes, 26 de marzo de 2012

LA ISLA MISTERIOSA: LOS NÁUFRAGOS DEL AIRE


Acabo de terminar de leer la primera parte de las tres que componen La isla misteriosa de Julio Verne. Es quizá la mayor influencia sobre los guionistas de Lost, más evidente en su primera temporada (cambiando eso sí dinamita por nitroglicerina). Y además, la segunda parte del libro (El abandonado) empieza retomando un genial cliffhanger del final de la primera, muy parecido a las fórmulas de TV, quizá por la naturaleza de publicación por entregas de los capítulos originales. Si Viaje al centro de la Tierra es a veces una clase de geología, y 20. 000 leguas un tratado de ictiología, La isla misteriosa es la novela de la química. El personaje de Cyrus Smith es todo lo que a Verne le hubiera gustado ser: Un ingeniero formidable, que domina las circunstancias a través de una todopoderosa e infalible ciencia. Y es que los náufragos del relato son, en el sentido más vital de la palabra: hombres, que superan con su trabajo y voluntad la prueba del robinsonismo. Esta primera parte narra su organización y forma de vida en la isla, no distando hasta ahora mucho de cualquier relato de náufragos. Sí es un poco apurado que la isla contenga prácticamente todos los elementos químicos y farmacopea necesaria. Pero como ya sabemos, la isla es algo más. Me ha sorprendido la antelación en Verne, como siempre, hablando en esta novela del cambio climático, producido no por el agotamiento del sol, sino por el del enfriamiento del núcleo terrestre. Y además, he aprendido sobre la formación de los continentes, motivada por los infusorios de coral, y me he maravillado con los protagonistas, ante el mimo con el que cuidan y hacen germinar un solo grano de trigo que les acaba produciendo una gran plantación.

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